Thursday, April 10, 2008

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¿Que es el vacío que se llena solo de sentir latidos acompasados de un pícaro corazón lejano?
Es un aleteo de una mariposa de buenas cosas que el tiempo alimentó y la razón alucina. Un abismo, sí, un gran vacío grande como una eternidad de no cruzar miradas, me siento tan llena de todo, me excede y desborda su sonrisa tímida, que no deja de decirlo pero oculta mucho. Eso que solo grita en silencio y la incertidumbre de perderme en miles de caminos ideados por mi mente, que tratan de perderme en verdad, pero solo vuelven a ese instante de dorados paisajes de felicidad.
Hay algo nuevo que surge constantemente, que obliga a desechar lo viejo, a no apegarse, a olvidar, tirando a un costado lo que alguna vez fue el centro de nuestra vida. Y otra cosa pasa a ocupar el protagonismo que queda vacío.
El ragazo de lo que ha quedado no llega a ocupar la sombra de lo que la noche inundó, apenas si puede acrecentar el volumen de los latidos de mi corazón.
El aire de la siesta evoca desiertos de locura, y el oasis de la imaginación, no son más que placebos en la aridez de sentimientos que me sofocan.

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